Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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domingo, 10 de mayo de 2015

Pedro de la Pichoncha.

LA TABERNA DEL PICHONCHO.

Pedro de la Pichoncha y su cuñado.

Pedro de la Pichoncha ha tenido llenazo esta noche, la taberna, repleta de parroquianos, agotó los 'Minchirones' y el 'Rin-ran', aunque no el vino, siempre guarda el divino caldo acristalado, tanto del Tarato como de Carreño. 
Ya es medianoche y están cerrando el cine Alfaro, ha concluido “la última” —así se cita popularmente al último pase—, un gran film de vaqueros: “Dos cabalgan juntos”, del maestro John Ford, protagonizada por Richard Widmark y James Stewart…-aún se oyen las pataletas de la “Torraera” cuando cabalgan los ‘buenos’-. En las tres sesiones se acabaron las entradas. Se nota que era el ‘Día del Productor’, un genial invento del empresario Blas Puerta, rebajando el precio de las entradas al 50% cada miércoles.
Los últimos devotos de aquella venerable bodega ventilan afanosamente de ‘asuntos trascendentes’ sobre sus días de mili: el Seperiño, un tipo muy nervioso que tartajea mucho y Juan el ‘Treshuevos’, presume que nació con tres testículos y cuando se los vieron en el campamento, le dijo el sargento: -“Así me gustan mis soldados, no con un par si no con tres…”- y lo nombró furriel.  Juraron bandera en Lorca y ambos narran las típicas aventuras de reclutas, el otro contertulio, un tipo pequeñuso y redicho conocido como el tío Prisuelillo, les cuenta jocoso: “…pues yo si que se la zampé a los militares, alegué que era estrecho de pecho y que además sufría sordera y me libré de la mili. Y eso que al marcharme el sargento me tiró una caja vacía por la escalera, para comprobar la sordera, pero yo me hice el tonto.” Cuenta que acaba de regresar de la vendimia de Burdeos (Francia), y asegura que es el mejor vino del mundo. Los otros dos arguyen que el vino de Cehegín es incomparable, mucho mejor que el francés, mientras apuran la tercera botella, -y ellos son tres en la mesa-… 
En otro velador, Frasquito ‘el Majito’ y el tío Juanico ‘el Garranchal’, clientes asiduos, rematan además de otra botella de vino, el pucherico con la cena que cada noche acostumbra a llevarle su mujer al ‘Garranchal’. La esposa siempre le reprende: -“Esta es la última vez que te traigo el puchero, porque este no es sitio para entrar las mujeres”. 
Entretanto, Pedro termina de limpiar su taberna, no en vano es el cantinero más pulcro de la localidad, los vasos siempre están impolutos y además antes de servir la bebida, repasa todo con su inmaculada toca, por si acaso. 
Siempre anda tarareando, con muy buen oído, alguna romanza mientras faena. Siempre fue un sorprendente barítono interviniendo en numerosas zarzuelas de aficionados, presumía de saberse de memoria todos los papeles de Molinos de Viento y de la Marcha de Cádiz… También fue Pedro un notable futbolista, le apodaban “la Moto” y junto al gran portero “El Pistolas”, el extremo Bartolo de “Juan Luz” y el médico don Santos, con otros populares cehegineros, alineaban un gran equipo cada domingo en el campo del Almarjal.
Pero una de las peregrinas aficiones de Pedro de la Pichoncha es su interés por los gatos callejeros. Cada noche, al cerrar la taberna, infinidad de mininos sin amo, esperan las exquisitas sobras, -cabezas y raspas del pescado y algunos pellejos de bacalao-, que Pedro devotamente guarda. Es un espectáculo ver al tabernero presidiendo su ejército gatuno hasta su domicilio en la calle de la ‘Cañaica’.
Por el camino, en la puerta de la ebanistería de Antonia “la Pedro-Manuel” y su esposo el tío Frasquito ‘el Gachopo’ hay un tronco de noguera de más de sesenta años símbolo de la carpintería que se utiliza de asiento y los gatos más veteranos se orinan en el tocón. Cuentan los del lugar que es una venganza de los mininos porque el viejo ebanista le cortó el rabo a un gato por maullar insistentemente en su puerta. Lo cierto es que una vez saciado el desfile gatuno, los vecinos son obsequiados otra noche más con el melancólico concierto de maullidos. Minutos después con el último “Miau…”, sale Pedro y les ordena: -“Ale, cada cual a su casa…” y los sufragados felinos se disgregan por los silenciosas callejas del Casco Antiguo ceheginero.


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