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miércoles, 16 de septiembre de 2015

TEATRO ALFARO -I-

 INAUGURACIÓN DEL TEATRO ALFARO.

25  julio  1927 .-

En el periódico EL PATRONATO se publicó la siguiente crónica de este acontecimiento: “La atención pública de Cehegín ha estado pendiente de un fausto acontecimiento: la inauguración del Teatro Alfaro de Cehegín. Sería injusto negar el aplauso al popular comerciante, Fernando Alfaro Rivas, que no ha parado en gastos para dotar a esta ciudad de un local de esta categoría”. “Un Teatro es una ‘Escuela de costumbres’, y no es secreto que en toda escuela pueden ocurrir dos cosas: Que lo que se enseña sea bueno o sea malo... /….se abandonó la costumbre de tomar café sólo o leche sola… /Estamos en tiempos de transigencia y por eso se toma café con leche. Por eso los profesores de costumbres procuran que la mezcla resulte agradable. Un ejemplo son dos de las obras representadas con motivo de la inauguración del Teatro”.
“Así vemos en «Las Mujeres de Lacuesta», el inicio con un opíparo banquete en un ambiente de encantador optimismo, ¿quién no se siente risueño después de un hartazgo? Así es esta humorada, donde un usurero se llama D. Generoso y así, un tabernero se llama Elvino Aguado.
El estornudo sirve de motivo en una canción que se elogia un objeto tan necesario como es el abanico; pero no uno normal, sino un abanico gigante, y canta «la mujer que es coqueta tras él se esconde», y una de dos o el abanico es muy grande, o la mujer coqueta es muy pequeña”.
“Las alegrías del Carnaval culminan en la fiacolatta porque «hace alejar el dolor». … siempre que a un amigo le duelan las muelas, el remedio es muy agradable y muy eficaz”.
“Y luego se muestra El Charlestón. En él se muestran notas de todas clases, de persona, de lugar, de medio, y así sabemos que el autor es Charlot, que lo lanzó en Boston, y que se toca solo con saxofón”.
Como vemos no faltaba retórica en las reseñas del aquellos años.

Compañia de Narciso Ibáñez
A comienzos de marzo de 1929 debutó en el mismo coliseo la compañía cómico-dramática de Manolita Ruíz con "Pepa Doncel" y se anunciaban como futuros estrenos: 'Condesa María', 'Un millón' y 'Tres rosas en tres rosales'.


Representación de Pepa Doncel.
En verano de aquel mismo año la Compañía Luis Calvo, con el barítono Marcos Redondo en sus filas actuó en este coliseo.
También ofrecería su local para los juegos florales o la elección de Miss Cehegín de 1934, ocasión en la que salió elegida Natividad García Carrasco. En febrero de ese año, se presentaba en el Teatro Alfaro la comparsa "Violetas Imperiales" pero además se pusieron en escena dos dramas y se cantaron jotas. Posteriormente pasaron a Caravaca. En 1936 la Compañía Socorro Rojo Internacional puso en escena la obra "Un alto en el camino".
Situado en pleno Casco Antiguo, en la plaza que lleva su nombre: En aquel añorado teatro se produjeron numerosísimas anécdotas, propias de aquellos años libertarios y retozones: En plena república, se estrenó una obra titulada “Sólo para hombres”, donde, según la publicidad, por cierto tan explícita que toda la juventud masculina andaba "desandarea", y es que las coristas aparecían como Eva en el paraíso, antes de morder la voluptuosa manzana.
Sólo a la señora de Alfaro le fue permitido asistir desde un palco…
Y comenzó la revista, naturalmente no se producía el anhelado destape, y poco a poco el pataleo crecía, sobre todo desde la ‘torraera’ donde un tipo llamado ‘el Yerbuza’ gritaba desesperado: «¡Que lo enseñen de una vez…!». Ante tal griterío apareció en escena un florido presentador, y se dirigió al ‘respetable’: «Señores, tengan paciencia, que van a enseñarlo todo... ».
Con la gente ya calmada se reinició el espectáculo en el que seis bailarinas ataviadas con sendos mantones de Manila bailaban desenfrenadas una especie de “Can-Can”. El público enfervorizado empezó a rugir, y en aquel momento en una de las cabriolas, las seis chicas se despojaron de los mantones, quedándose como sus madres las trajo al mundo. Un espectador enardecido se abalanzó como un energúmeno hasta el escenario con la intención de abrazar a una de las danzantes… Gritos, corridas, otros espectadores, lanzados también, subían desaforados al escenario y la policía dando mamporros a diestro y siniestro. Finalmente, como era de esperar se suspendió la función.
Otro evento tuvo ocasión en el estreno de Don Juan Tenorio Tocólogo: obrita de José María López Barberán, publicada en los años veinte: cuenta una hilarante parodia ocurrida en Cehegín, con una serie de aventuras concebidas en el casino, donde se reunían todas las tardes los típicos jóvenes ociosos, y allí se gestó la representación del Tenorio de Zorrilla, capitaneados por el médico don Miguel Mas, recién llegado al pueblo. Los jóvenes se repartieron los papeles: el de don Juan sería para el médico y los demás espadachines y sirvientes para el resto de ‘actores’, pero surgió un problema: ninguna señorita ‘bien nacida’ del pueblo quiso hacer de Doña Inés y resto de féminas, lo cual dio lugar a contratar algunas cómicas de Murcia para los roles femeninos con el consiguiente escándalo en los corrillos locales:“Han traído unas fulanitas de la capital..., ¡¡Adónde vamos a llegar…!!”  
Después de exhaustivos ensayos y situaciones divertidas, por fin se produjo el estreno en el Alfaro con la consiguiente expectación.
En el clímax de la función, Frasquito el Afilaor fue a llamar con urgencia al médico partero –que interpretaba a don Juan- (y que asistía a su mujer durante su embarazo, y que ya estaba de parto), entre bastidores el atribulado Frasquito gesticulaba: -“doctor que viene ya el bebé…” – pero don Miguel (tenorio) seguía con el drama: -“¡Cuán gritan esos malditos…, mas me tienen ya tan harto, que esa mujer que hay de parto, va a pagar caro sus gritos...”- y el inminente padre, ya irritado, insistía tocándose el vientre: -“señor doctor, por favor…, mi mujer, ya…”- y el Tenorio le miraba calmándolo con señas: “¡Espera hombre, tranquilo…”- Frasquito, ya desesperado, sacó una tremenda faca y la enarboló amenazante. En ese momento, don Juan comenzaba emocionado la célebre escena del sofá e improvisando un ripio recitó algo así: “¿No es verdad ángel de amor / que en esta apartada orilla  / va a romperme una costilla / Frasquito el Afilaor…?”

Escena del sofá
Otra recordada anécdota: En otra función de aficionados se representaba el Tenorio, (esta vez el original). Después de estoquear a don Luis y compañía, salta por el balcón e invoca: “Clamé al cielo y no me oyó. / mas, si sus puertas me cierra, / de mis pasos en la Tierra / responda el cielo, no yo”. Y ya no volvió a escena, Inés lo esperaba entre bambalinas y ambos tenían dispuesto un coche de punto para trasladarlos a los Baños de Mula, mientras el público desesperado, aguardaba el siguiente acto.
Y es que aquella tacita de oro de teatro, daba para muchos en aquellos felices años 20 y 30 del siglo XX.
Tiempo después se representaban numerosas zarzuelas, operetas y revistas, como Molinos de Viento, Cádiz, Las Leandras o Las Castigadoras, y no digamos del llamado “género ínfimo”, se sucedieron muchas historietas en aquel entrañable teatro que harían interminable este escrito.

Aficionados actores locales
Aparte compañías de aficionados locales, encabezadas por doña Antonia Musso, ilustre mecenas de la cultura ceheginera, que montaron numerosas funciones.
También acudían cómicos profesionales que incluso solían establecerse en la localidad y según contaban nuestros progenitores, llegaron hasta sembrar patatas y otras hortalizas para sustentarse en los meses precarios. Se reforzaban con músicos locales como Jesús el Pavo, Jesús López, el maestro Ventura, Antonio Medina, Antonio Noguerol y otros notables intérpretes.
Ya en la posguerra, se sucedieron numerosas funciones de todos los géneros (teatro, zarzuela, comedias, revistas, etc.) y actuaciones de numerosos aficionados como el recordado Orfeón.

Orfeón Ceheginero años 60
Y llegó la época del CINE ALFARO DE INVIERNO, pero esta es otra historia que narraremos más adelante.

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