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miércoles, 19 de octubre de 2016

BOTICA PARA EL RECUERDO

BOTICA PARA EL RECUERDO.


A lo largo del siglo XX, en  nuestra villa se han establecido numerosas boticas con competentes profesionales del fármaco, como suele decirse “Aquí hay de todo, como en botica”, cuando en determinado lugar, no falta nada de lo necesario o se presume que reúne todos los productos o remedios que pueden ser ofertados. La frase, procede del siglo XVI, cuando el Imperio español dominaba el mundo, por lo que las boticas del país estaban bien surtidas de todos los medicamentos y remedios curativos naturales conocidos en aquellos tiempos. 
Pero dejemos esta historia y centrémonos en Cehegín donde han pasado numerosos licenciados en farmacia, artífices de la fórmula magistral, que han dejado un buen recuerdo no solo por su profesionalidad y honradez sino también por su trato humano con los ciudadanos.  Y es que hay de todo en este valle, boticarios serios y formales y otros no tanto y que, como el de la Verbena de la Paloma, don Hilarión, también gustaban de flirtear con las hijas de Eva, aunque ¿a quién no le gustan las hijas de nuestros primeros padres?, naturalmente, aparte de estos naturalistas y curanderos, nada más alejado de los profesionales de la medicina…, en las antiguas boticas, que hoy llamamos farmacias, solía haber una oferta relativamente abundante de los remedios que un enfermo necesitaba para curarse.

Escudo heráldico de la casona.
En el número 20 de la calle Mayor de Cehegín, había una botica, que ya no ejerce como tal, está cerrada mucho tiempo y no es posible verla, o al menos es difícil, porque sus antiguas dueñas –tres hermanas como en los libros de cuento-- han fallecido, eran tres respetables damas de principios de siglo XX que no esperaron hallar en sus tarros de botica remedios para el tiempo.

Estado actual de la Botica.
Como decimos, está cerrada desde los años sesenta del pasado siglo XX, porque todo cambia y vivimos otros tiempos en los que las pomadas y alquimias de antaño son sustituidas por las drogas que nos suministran a diario las multinacionales farmacéuticas para hacernos la vida placentera. Las Boticarias, --por ese apelativo las conocía el pueblo-- elaboraban un ungüento en pomada –bálsamo terapéutico—que servía para todo. Envasado en unas preciosas cajitas de palma, lo mismo se utilizaba para los quemados que para el cutis, igual para un picazo que para una llaguita entre las ingles de los bebés o la pupa del mozo travieso. Don Francisco Ortega Lorencio, hermano de aquellas populares drogueras, fue el creador de aquella pomada.

Foto antigua del claustro conventual.
Se cuenta que en aquel antiguo caserón…, o como era conocido por nuestros mayores: la casa de dª Emilia, o también de “las Telesforas”, evocando a su padre el arcaico boticario don Telesforo Ortega, como digo, cuentan que poseía una biblioteca procedente del antiguo convento, que fue aquel recoleto edificio, retiro de monjas, con libros que contenían vetustas fórmulas magistrales de ungüentos para todas las curaciones.

Botamen de la botica.
La botica exhibía, en unas bellas estanterías torneadas de madera noble, unos tarros de cerámica donde guardaban diversos productos curativos. Los tarros y muebles de este establecimiento sirven ahora de decoración para una farmacia ubicada en el barrio de las Maravillas, y nos hacen recordar otros tiempos, es como una historia encuadernada que ya no se lee, de la orden de la receta de la técnica magistral. No hay marcas, ni específicos, es el mundo del trabajo directo, de la curación artesana. Ahí están, aunque tan sólo en el recuerdo de la rebotica tertuliana, los antiguos jarabes y aguas, la triaca –contra las mordeduras de bichos venenosos--, los posos de excreta y otros productos animales. Estaba, seguramente, recién llegado el estramonio (sus hojas secas se usaban como medicamento contra las afecciones asmáticas, fumándolas mezcladas con tabaco, y las hojas y las semillas, como narcótico y antiespasmódico), la gutagamba, el cornezuelo de centeno, la ipecacuana (muy usada en medicina como vomitiva, tónica, purgante y sudorífica), el crémor tártaro para purgarse, el cáustico lunar, el sulfato ferroso y otras preparaciones inorgánicas. Cosmético de valeriana y canela --como antiespasmódico--. Se rechazaban como preámbulo de la superstición las telarañas, también llamadas “polvos de puerta”, el musgo de cráneo humano, la leche virginal o los huesos del corazón de cierva preñada.

Estado ruinoso en la actualidad.
Botica sin boticario, hoy ruinosa, ya camino del olvidado monumento del vestigio. ¡¡Misteriosa botica en el nº 20 de la calle Mayor ceheginera!!, con sus tarros ostentado nombres desusados que se han borrado de todas partes menos de los libros de medicina.
Su destino ya se cumplió y todo queda en el recuerdo, porque…,¿cómo pretender en el siglo XXI curarnos enfermedades de siglo XVIII…? ¿Sí?....... Pero mejor dejarla donde está como un símbolo de la fugacidad de la posología. 

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