Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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viernes, 7 de octubre de 2016

LOS OJOS Y SU LENGUAJE

EL LENGUAJE DE LOS OJOS.

Ojos claros, serenos,
 si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?....*>


Ciertamente todos los ojos hablan, exhortan, prometen, rechazan, coquetean, amenazan, acarician y muchas cosas más. Simples miradas son capaces de derrumbar castillos en el aire, forjados en la confianza de una sonrisa que se puede transformar en la saña de una mirada.Hay ojos diáfanos, hermosos, de mirada límpida que encierran diabólicas patrañas. Algunos ojos miran con disimulo, cautelosos, pero cuando se cruzan con la otra mirada que espera, son incapaces de sostenerla, ¿acaso temen se derrumbe la magia?... Otros ojos miran apasionadamente, como si quisieran poseer al instante lo que ven, pero si reciben una mirada de reproche o indiferencia, aquella pasión se transforma en violencia. Ciertos ojos observan con tristeza, lánguidos, melancólicos,… esperan el regalo de una mirada. Ojos soñadores que se esconden tras unos enigmáticos párpados que se cierran coquetos como si quisieran guardar un preciado tesoro.




También destellan ojos con hermosos reflejos de diamante pero que esconden la dureza del acero. Y algunos que ofrecen dulces promesas amorosas y entablan un extraño lenguaje de miradas que lo dicen todo. Florecen, así mismo, ojos que esperan la mirada que nunca se refleja en sus pupilas, lanzan la contemplación, anhelantes, pero los ojos de destino son incapaces de captar el mensaje.


La Naturaleza ofrece ojos de muchos colores: Azul como el cielo: (“tu pupila es azul y cuando ríes…”); del color Verde floresta como las espigas: (“ojos verdes, como el trigo verde, o el verde limón…”),, o de Verde mar: (“Porque son, niña, tus ojos verdes como el mar te quejas…”) ; también nacen de color Negro como el azabache (“Esos ojitos negros que me miraban,…”) - Ojos Zarcos: (“Tiene los ojos tan zarcos la norteña de mis amores que me miran dentro de ellos como si fueran destellos de las piedras de colores”.) Ojos Castaños: (“¿Qué tienen tus ojos castaños que son mi tormento?”)… también la lírica recurre a las miradas para expresar el amor: (“Mis ojos al ver los tuyos cegaron con sus reflejos, ….”)

Finalmente existen ojos de mirada perdida, como los de una mujer que veía casi todos los días a través de su ventana. Ella a mi no me advertía, aunque no era ciega, no podía verme porque tenía la mirada extraviada hacia el horizonte, sabe Dios a qué punto de la lejanía, era una contemplación que trasciende al paisaje que le rodeaba, iba más allá y por eso no observaba nada cercano, todo cuanto giraba a su alrededor sólo penetraba en su retina pero quedaba ahí sin procesar.



Casi nunca sonreía, y cuando lo hacía, en su rostro aparecía una mueca extraña que más bien parecía una máscara carnavalesca que esconde una tristeza infinita. Poseía la belleza de una reina babilónica, altiva, hermosa, pero seria, adusta, y cuando ladeaba su cuello recordaba a un lánguido cisne. Era una dulce muñeca, pero inmutable, era un gélido témpano…, una flor marchita rebuscada de una historia romántica, quebradiza, soñadora….
Y es que hay historias de amor que son como las amapolas: rojas, frágiles, casi viento, pero que se aferran a la garganta toda la vida.


Debió ser una mujer agraciada de belleza anacrónica, pero con un potencial voluptuoso que se adivinaba por la forma de sus labios, carnosos y sensuales, como dos ababoles embalsamados, inertes y unos ojos de tono esmeralda tan claros como las hojas de la hiedra en el otoño. 
¿A dónde irían sus pensamientos…? 
Según Dante Alighieri, en el Limbo no se sufre,… ¡ni se goza! El limbo es un lugar donde se estipula van los espíritus pecadores que necesitan el perdón de Dios para poder finalmente ascender al cielo. Así era el misterio que transmitían aquellos ojos, sería una odisea conseguir desvelarlo, tan difícil como conseguir adivinar lo que se oculta tras las estrellas que nos guiñan alocadamente cada noche clara.
Concluyamos con el resto de los versos iniciados arriba de Gutierre de Cetina:

*>….si cuanto más piadosos, 

más bellos parecéis a aquel que os mira, 
no me miréis con ira, 
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos...!   
Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, 
¡miradme al menos!.
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