Desde mi Buhardilla Mesonzoica
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jueves, 20 de julio de 2017

CANTO LLANO GREGORIANO Y SUS SECUELAS.

AQUEL 'BOOM' DEL CANTO LLANO GREGORIANO.



Se acuerdan hace unos años..., cuando hasta en las discotecas, sonaban los cantos gregorianos, fue un boom..., un derroche de publicidad,... el sanctasanctórum del márquetin.  Comentaron algunos críticos supuestamente cultos que: -“... al fin la sociedad parecía despertar de su letargo; aquel espectacular interés por el canto llano gregoriano era un esperanzador síntoma...”- Se vislumbraba un florecimiento de la buena música en detrimento de esas ruidosas piezas de la mal llamada música popular o emulando ese disfraz anglófilo que padecemos: la música pop...
El espíritu del Renacimiento planeaba por nuestros hogares, ni el yoga producía tal relajación. Los huesos de los monjes gregorianos se removerían de gusto en sus tumbas; las neumas monódicas alcanzaban de nuevo la plenitud con sus melismas en el etéreo y ‘visionario’ mundo del siglo XXI. Ya, todo el mundo gozaba en su casa y en su coche del gregoriano; aquellas secuencias ascendentes y descendentes sí eran música, verdaderamente un descubrimiento para muchos. Unos afirmaban que se conducía el automóvil mucho mejor con el ´Gregoriano´ que con ‘Los Tres Tenores’, era música más delicada, no tan estentórea, además asistíamos ya al declive del pachucho Carreras y sus compañeros de terna ‘crematística’.
“¿No has escuchado aún el gregoriano...? Pero hombre pruébalo verás cómo relaja… dicen que es definitivo contra el estrés y además es cultura... ¡Cómprate el de Santo Domingo de Silos! ...  Aseguran que es el mejor, si bien, no te comas de vista el de la abadía de Cluny…”- Aunque también surgían discrepantes, como mi amigo Juan el Supersabio, ilustre erudito musical, que prefería los cantos litúrgicos de toda la vida: los que cantaba nuestro recordado Luis el Sacristán. O mi entrañable y taciturno compañero Manolico el Palacios cuando aseguraba rotundo: -“…sí, pero donde esté la música del Romanticismo: la melancólica Marcha Fúnebre chopiniana o los sombríos aunque oníricos acordes del Réquiem Alemán de Brahms, que se quite todo los demás.”-
Así más o menos se expresaban muchos de nuestros conciudadanos. Lo cierto es que el Canto Llano Gregoriano de alguna forma se popularizó logrando cotas elevadísimas en la sagaz industria discográfica.


Lamentablemente, se cumplieron los pronósticos y el espejismo cultural fue solo eso, una quimera, un ente, -como diría el soñador Don Mendo a su adorada Magdalena-, una nueva patraña de los que manejan los hilos del voluble polichinela mercantilista, de cuyos frutos se vendieron millones de discos (ocho o diez discos de platino nada menos) y en los que quizás llenaron un poco las arcas aquellos humildes frailes. Pero a costa del ‘envilecimiento’ de una música tan respetable y profunda como el Gregoriano. San Bernardo de Claraval afirmaba que el canto llano: “…ha de ser grave pero dulce; que conmueva el corazón, alivie la tristeza y calme el espíritu irascible…”  Y es que cuando los cantores se excedían en la interpretación se creía que era debido a la intervención de los demonios que intentaban acosar a los monjes por sus debilidades, por ello debían cumplir penitencia arrodillados en el altar delante de todos.
Es evidente que lo que impera en el mundo de hoy son los ‘alaridos’ de los chicos de O.T. y demás secuelas de la fauna canora al uso aderezada con espectaculares luces de colores. Y menos mal que de momento, no afloran más lastimeros 'juliglesias', ni ‘tres tenores’… ¡Válgame Dios, si levantara la cabeza san Gregorio el Magno! …



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