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viernes, 2 de febrero de 2018

PERO DE ALCUZA DE CEHEGÍN


EL NOBLE PERO DE ALCUZA DE  CEHEGÍN

¿Adónde va esa mujer, / arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche, con la alcuza en la mano…?   
  (Poema de Dámaso Alonso)

Según el diccionario de la RAE, Pero: Variedad de manzano, cuyo fruto es más largo que grueso. Y el término Alcuza: Vasija de hojalata o de otros materiales, generalmente de forma cónica, en que se guarda el aceite para diversos usos.


El Pero de Alcuza de Cehegín, llamado así por su forma similar a los recipientes que se utilizaban para guardar el aceite, ha sido durante muchos años el emblema de esta localidad. Este fruto de invierno posee características diferenciadas en cuanto a olor y sabor que lo distinguen de la familia de las manzanas de calidad. Su fresco dulzor fragante, y peculiar aroma, le han hecho acreedor de una merecida fama desde tiempos ancestrales, entre otras cualidades aseguraban los antiguos que al degustarlo se abre el apetito sexual. Antiguamente, como tantas otras costumbres, existía la tradición, ahora perdida, de adornar con peros, lazos y otros productos las ramas de olivo utilizadas por los niños en la Procesión de Domingo de Ramos, como ofrenda a Jesús.
Agricultor recolectando peros.
Según la costumbre, por su intenso aroma, la mujer ceheginera también lo empleaba como ambientador y perfumador de armarios y arcas, entre ropas blancas, sábanas y colchas, donde el noble pero entregaba generoso todo su valioso efluvio.
El proceso de producción del Pero de Alcuza tiene un marcado matiz artesanal. Se trata de una actividad tradicional que, a pesar de haber estado en algunos momentos en trance de desaparición, sus escasos supervivientes han resurgido, como el Ave Fénix, con ánimos de recuperarse.


Se suele recolectar en el mes de octubre, cuando el otoño anuncia su presencia en los huertos cehegineros, y se guardaba en la “allá arriba” para que se oreara y adquiriera ese característico color amarillo, perfumado y con sabor dulzón, sufriendo los primeros fríos rigores del invierno, entonces –aseguran los viejos del lugar- es cuando el Pero adquiría todo su sabor y olor y como decía nuestro tio abuelo David: “Cada mordisco vale más de 20 duros”-. Era tal la producción de estos frutos que en épocas donde el hambre se adueñaba de los humildes hogares, el Pero de Alcuza se convertía en alimento recurrente en la dieta ceheginera, e incluso los frutos con algún defecto, (picadura, golpe, etc.) se destinaban a la comida de los cochinillos y otros animales de corral, tan habitual en aquellos tiempos.

Y no digamos asados al horno: se le quita el pezón con la punta de un cuchillo y se le hace un hueco redondo donde echamos una cucharadita de azúcar, una pizca de canela en polvo y un chorrito de ron o coñac. E inmediatamente al horno a 200º. Cuando este blando el Pero, podemos degustarlo, y no probarán nada más rico.
Así el noble fruto de gran valor nutricional, el Pero de Cehegín, con su traza de redoma pequeña, sigue penosamente regalando sus carnes sabrosas envuelto en su perfumada piel.

Antonio González Noguerol

(Algunos datos extraídos de diversos archivos.)
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